Miami. Día 4. Everglades National Park

Amanece un nuevo día. Después de la visita de ayer al KSC, todavía nos quedan fuerzas para seguir tirando millas por Florida, así que hoy nos vamos a visitar el Parque Nacional de los Everglades, para cambiar tecnología por naturaleza.

Así que una vez aseaditos, cogemos el coche, parada en Starbucks que hay en el camino por la US-1, y rumbo directo hacia la entrada del parque, siguiendo las indicaciones del TomTom, que no lo he dicho hasta ahora, pero que se portó muy bien. Una vez que llegamos al parque, paramos en el Ernest Coe Visitor Center, que se encuentra justo antes de la entrada propiamente dicha (con barrera y pago de entrada). Allí hay una exposición interesante sobre el parque, como no podía ser, y además te informan de las actividades que puedes hacer y los horarios de las mismas. Nos informan que en 30 minutos hay una visita guiada desde Royal Palm, así que allá que nos vamos. MAPA DEL PARQUE

La ruta la realizamos con una guía muy simpática, que nos previene de todos los posibles ataques de la fauna local, especialmente de los mosquitos, así que nos echamos una buena ración de repelente antes de empezar. El sendero está muy bien marcado, y con carteles explicativos a lo largo del mismo. La pena es que con las obras de mantenimiento que están realizando no se puede completar la vuelta completa, pero nos hacemos una buena idea. Y sí, había unos cuantos alligators… Hay que destacar que estamos en la época seca, por lo que el nivel de las aguas es bastante bajo, por lo que muchos de los canales están secos, lo que permite apreciar el paso de los reptiles por las marcas que dejan en el barro.

Después de la visita decidimos ir hasta el final de la carretera (es una carretera sin salida), para llegar a Flamingo, donde está todo un poco destartalado a causa del huracán Katrina, y debe ser que tienen pocos fondos, porque la reconstrucción va un poco lenta. A lo largo de la carretera salen indicaciones de los diferentes senderos y miradores que hay, que en general no deben realizarse a la ligera, salvo que quieras acabar sirviendo de cena a alguno de los reptiles que habitan el lugar. A destacar que en esta zona además de alligators hay cocodrilos, así que el bistec de humano debe cotizar alto (y ahí lo dejo).

A la salida del parque el cielo empieza a ennegrecer, y decidimos ir a ver la zona norte del parque, bordeada por la carretera US-41, que es donde se encuentra la mayor parte de los embarcaderos de lanchas-ventilador, famosas en las series y películas, ya que no queremos irnos de Florida sin hacer la «turistada». (Nota: dentro del parque están prohibidas estas lanchas, así que no se lo preguntéis a los guardas, como hizo una que yo me sé…).

Mientras vamos de ruta empieza a llover, llover más, llover más y más…. hasta que tenemos que parar porque la carretera casi no se ve, y además (todo hay que decirlo), tenemos bastante hambre. Así que llegamos a una gasolinera, echamos el freno, y ésto es lo que vemos…

Entre una cosa y otra parece que el cielo va aclarando, aunque todavía nos caen un par de chaparrones más mientras vamos por la US41 hacia el oeste, a ver si localizamos alguno de los embarcaderos para dar una vuelta en la barca-ventilador. Al poco rato llegamos al poblado de los Miccosukee, más triste que un poblado esquimal en enero, sólo hay abierta una tienda de recuerdos para distracción del turista.

Después de sortear charcos, paramos en uno de los parques temáticos con excursiones para turistas, pero ya habían cerrado, así que de momento nos quedamos con las ganas del paseo, no sin antes hacer algunas fotos de las embarcaciones allí varadas.

Como por aquí queda poco por hacer, decidimos volver a Miami y aprovechar para dar un pequeño paseo por Little Havana, antes de prepararnos para la cena, ya que hoy es nuestro aniversario (10 años ya de casados!) y tenemos reservado en un sitio especial. Paramos en plena calle 8 (que es la misma US51 pero un porrón de millas más hacia el este de los Everglades), y nos damos una vuelta para ver el ambiente de la zona.

 

A comentar que parte de las placas de la calle (entre ellas la de Rocío Dúrcal), están bajo las mesas de la terraza del Mc Donalds que se ve a la derecha. Me encanta cómo protegen el patrimonio estos americanos… PD: NO.

Y uno de los famosos muros con pintadas.

Después del recorrido volvemos al hotel, que tenemos que descansar un poco y adecentarnos para ir a dar una vuelta por South Beach y cenar allí. La terraza del bar del hotel es una pasada a estas horas, y ver cómo anochece desde la misma es una imagen imborrable.

Así que después de descansar un poco y arreglarnos, nos vamos a cenar al Ola Miami, que nos han recomendado como sitio «guapo» de la zona, aunque lo más complicado de todo es poder aparcar por allí, ya que no cabe tanto cochazo en tan poco espacio. Al final, todo se arregla con un buen puñado de $$… (american’s style).

Todo lo que tomamos estaba riquísimo, pero a destacar un clásico de la casa, el postre…

La foto nos la tomó una de las comensales de la mesa de al lado, después de «n» mojitos que llevaba, ni se esperó a que le pidiera hacer la foto, casi me quita la cámara de las manos como diciendo ¿no te quedarás sin una foto del purito? :))

Y con esto y un bizcocho, nos vamos de vuelta al hotel, que mañana es el último día completo en Miami y queremos hacer otra buena tiradita con el coche…

 

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