A Rey muerto, Rey puesto. Esto que suena un poco macabro, en clave de corredores es nuestra tónica habitual tras haber acabado una etapa, un reto, una carrera, o como lo queramos llamar. Necesitamos marcarnos objetivos que nos motiven para el futuro, es nuestra droga. Ya en el último #runandbravas se comentó (Manu, Santi, Alberto… ) que una maratón «internacional» podía ser la de Roma, y yo me quedé con la mosca detrás de la oreja, sobre todo después de tener más o menos claro que después de la movida de este año, en 2014 no correría el Mapoma.
Así que después de tenerlo rumiado durante algunas semanas (y alguna búsqueda puntual de vuelos en secreto), llegó el momento propicio en casa, momento de debilidad de la jefa, y en esa corta ventana espacio-temporal, hice la inscripción, compré el billete de avión, y ya de paso, me di de alto en el grupo de FB convocado «ad hoc» y monté una soflama para coger alojamiento sí o sí… Total, que en un plis plas ya teníamos reservadas un par de habitaciones, y rápidamente coloqué las dos camas de «mi» habitación. Ya con la experiencia de la B/SS del año pasado no quería esperar a quedarme con los hoteles caros y/o atpc de la salida.
Lo bueno de plantearse un objetivo así es que es mucho más fácil organizar los entrenamientos, prefiero tener más o menos diseñadas las rutinas semanales, con una carga de km ajustada al objetivo que salir a correr «a lo que pidan las piernas», que al final, aun siendo muy gratificante, a veces lleva a hacer «zerotadas» y luego sufrir las consecuencias. Después de revisar varias opciones, he decidido seguir con los planes del miCoach, así que cada semana reviso los entrenos, los programo en el Garmin Connect y los subo al reloj, ya que no me gusta últimamente correr con el móvil.
Con todo ésto en marcha, espero poder hacerme esta foto el próximo 23 de marzo de 2014…
Vale, ya sé que el título no es de lo más original, pero tampoco quiero que aparezca en los buscadores en plan épico, al estilo «Mi lucha hasta Segovia», «Sufriendo hasta el límite por la calzada romana» o batallas similares… que para eso ya tenemos a Jorge… 😛
El tema es cómo contar que de cuatro que habíamos quedado para hacer la «carrera», al final sólo llegué yo, y eso que no era ni el más guapo, ni el más fuerte, ni el que se lo había preparado «menos mal». Pero vamos por el principio. El jueves recojo el dorsal y la bolsa del corredor, momento en el que empiezas a oler el fregao de cerca. Desde ese momento hasta el sábado, aparte de otros fregados ya empieza el «tic-tac» a sonar permanentemente en la cabeza.
Dorsal bandoleiro
El viernes dejo preparadas más o menos las diferentes bolsas para la salida, como siempre, la más crítica es la de Cercedilla, donde hay que prever lo que puede hacer falta para el tramo nocturno de subida a Fuenfría y bajada a Segovia. Ante la duda, meto un poco de todo y así ya decidiré llegado el momento.
Sábado por la mañana, 7:00, al salir de casa ya me encuentro con los «despojos» de la noche anterior, y yo con mi atuendo y las mochilas colgando quedo un poco discordante en el paisaje matutino de la Gran Vía, así que me dirijo recto hacia el Metro, y pasadas las 7:30 ya estoy en Plaza Castilla. Antes de nada voy a dejar las mochilas en los camiones, tarea que despacho más o menos rápido y me quedo con lo necesario para la salida. Hoy el estómago no estaba muy por la labor, así que prácticamente no he desayunado más que un café sólo, por lo que me he traído unas tortas de arroz con chocolate que me voy comiendo despacio junto con mi botella de isostar.
A continuación vienen las escenas clásicas, nos reunimos los 3 bandoleiros presentes y saludamos a toda la gente que ha venido, tanto a participar como a saludar, cosa que se agradece un montón. Aquello tiene más ambiente que una presentación en Hollywood, y las cámaras y los flashes abundan por doquier. Como muestra, un botón…
El equipo Bandoleiro con Shin
Muchas fotos, saludos, el clásico «¿qué tal lo llevas?… pues pssss….», y esas cosas que pasan en los momentos previos a las pruebas, y total, que cuando enciendo el reloj para que empiece a coger los satélites del GPS, como que se han escondido. Así que hay un tío en la salida de la carrera con una GoPro en una mano y la otra subida y dando vueltas a ver si pilla señal antes de que nos pongamos en marcha. En esto que voy tan concentrado y de repente manos arriba, alguien dice 5, 4, 3, 2, 1… y como quien no quiere la cosa la masa de cerca de 1.ooo corredores se empieza a mover cual arena de reloj para pasar por el embudo del arco de salida.
Salimos al trote cochinero (como debe ser), y nos ventilamos más o menos rápidamente este primer tramo por zona urbana, el pelotón se va estirando, pero bueno, de momento lo importante es ir calentando sin forzar la máquina y buscar un hueco más o menos cómodo para correr. A unos 500m parece que el GPS ya se pone en su sitio y empieza a contar distancias, ¡ya le vale!. Al paso por Montecarmelo saludamos a Nacho Villalba, que seguro se queda con ganas de seguirnos, y ya rápidamente empezamos a pisar tierra, que es lo que estábamos buscando. Tras pasar bajo la M-40 también está Belén (aka Pegasus Corre), y vamos trotando por el camino que nos dirige hacia el primer control, en Tres Cantos (km 16), casi todo el camino andando, salvo algunas cuestas, en las que aflojamos y aprovechamos en muchos casos para reagruparnos los tres. Parada en el control, sellado de los pasaportes peregrinos, beber y comer un trozo de plátano y a salir rápido, que hasta Colmenar sólo hay 11k.
Control y avituallamiento de Tres Cantos
Salimos a buen ritmo, sin prisa pero sin pausa, intentando ventilarnos el tramo de carril bici lo antes posible (de las zonas más feas para mi gusto), y así llegamos a la bajada hacia el arroyo de Tejada, ahora seco, y al pasar el primer vado nos encontramos con Sebas Navarrete haciendo fotos de la carrera (aquí el enlace a la galería).
Cruzando el arroyo de Tejada. Foto de Sebas Navarrete
Seguimos alternando el andar con el correr, hasta la famosa cuesta del cementerio de Colmenar, sólo apta para correr por los del pelotón de cabeza. Aquí encuentro en el suelo el pasaporte peregrino de alguno, que se va a alegrar mucho en Colmenar (y que dejo en el control de entrada, por si las moscas). Si llego al control y veo que no lo tengo, las ganas de volver a bajar la cuesta son como que te peguen una patada en los coj…. (vamos, que os hacéis idea). En fin, km 27 y 3:15 de carrera (hora de entrada en el control). De momento vamos mejor que el año pasado, creo que las nubes que nos han acompañado hasta ahora han ayudado un poco.
Cojo la bolsa y como voy perfectamente sólo cambio un pañuelo y cojo una dosis de polvos de isostar, para tener dos junto con la que llevo en la mochila y no pasar penurias en lo que queda hasta Cercedilla. Aquí mis dos compañeros ya empiezan a quejarse un poco de los pies, en especial Juanito, que recibe la vista de la ampolla del año pasado… ñek ñek…
Momento «Cariño, no siento los pieses»
El tramo de Colmenar al Puente Medieval tiene una primera parte «fea», callejeando por Colmenar, hasta que se sale del casco urbano y se hace un primer tramo por pista en «V» (primero bajar, bajar, bajar, y luego subir, subir, subir…). Aquí ya Juanito empieza a poner cara «se me ha desajustado el pH», y en el tramo que hay de sendero «disfrutón» hasta la bajada al puente se empieza a quedar atrás. Jorge me sigue en el trote, pero paramos a esperar a Juanito y vemos que viene tocado, así que tiramos hasta el avituallamiento para escapar del calor que ya aprieta a gusto, y le esperamos bebiendo isotónico fresquito que tienen allí. Cuando llega mi tocayo se le ve un poco tocado, chequea sus 2000 paquetes de sales, geles y demás, descansa un poco, y tras sellar de nuevo los pasaportes salimos tranquilamente cuesta arriba hacia Manzanares. Aprovechamos para ir masticando un poco (el montadito de jamón serrano es lo mejor), y aunque el ritmo que llevamos no es fuerte, poco a poco Juanito se va quedando, el dolor en los pies le está matando, y junto con la chicharrera que hace le pasa factura. Vamos manteniendo control visual y tras unos cuantos «me cago en spm, ¡qué calor!» de Jorge llegamos al punto de inflexión del camino, en el que se ve delante el castillo de Manzanares, y la Pedriza y la sierra de Guadarrama detrás. Desde aquí es casi todo bajada hasta el siguiente control, punto que marca el paso por la maratón (km 42).
Chicharrera entre Colmenar y Manzanares
En este punto Juanito nos comenta que ha avisado para que vengan a recogerle en Manzanares, que tiene los pies fatal y no le apetece acabar un mes de curas como el año pasado. Aunque lo estábamos viendo venir, no por ello nos deja de entristecer menos, pero las cosas son así, y tampoco es plan de pasarla canutas si no estás por la labor. Así que como se nos están empezando a derretir los sesos, Jorge y yo nos adelantamos a Manzanares, que los pies de Jorge también están pidiendo un tiempo muerto. Llegamos al control y cogemos bebida y un plato de macarrones «mazacote’s style», pero que nos los zampamos como si los hubieran hecho en la misma Italia, tras buscarnos un hueco en la sombra (Jorge adereza los macarrones descalzándose de nuevo)… jem jem…
En Manzanzares, momento «Cariño, vete preparando unos pies de recambio»
Una vez que llega Juanito y charlamos un rato, vamos al control, donde sellamos los pasaportes peregrinos y dejamos el pasaporte de grupo junto con el chip del tocayo, no sin tristeza. Su equipo de apoyo femenino se presenta a recogerle y sin mucha más demora partimos 2/3 del equipo en dirección Mataelpino, son como las 15:10 y nos queda otro tramo a pleno «lorenzo» a disfrutar…
Salimos a buen ritmo, y alternamos el andar con el trotar, y después de cruzarnos de nuevo con Carlos Siguero vamos charlando cuando nos encontramos con Beto, que ha venido antes de entrar a trabajar para poder saludarnos y animar un rato (thanks!). En esto que un poco más adelante, cerca de Mataelpino y de repente nos encontramos con Luis Arribas (aka @_spanjaard) (o a la inversa, no estoy muy seguro), y así de primeras pienso, «¡zasca!, ¡este ha venido por su libro!«, y me veo perdido, ya que, lo que es salir corriendo, como para que no estábamos… Y no contento con esta aparición, un poco más adelante, en una sombra del camino, también nos cruzamos con José Escudero, que está animando a los corredores que pasamos por aquí y me hace una foto muy chula… ¡gracias de nuevo!
Llegando a Mataelpino. Foto de José Escudero
Un poco más adelante llegamos finalmente al control/avituallamiento de Mataelpino, km 50 y ecuador oficioso de la carrera. Llevamos ya 7:48 en carrera, y salvo por unas pequeñas molestias en la planta del pie, me siento genial. La mesa de avituallamiento es como el jardín del Edén, y comemos algo, y sobre todo bebemos y rellenamos de agua todos los recipientes que tenemos. Jorge vuelve a hacer «terapia de pies», a ver si los convence para el siguiente tramo hasta la Barranca.
Con Beto en Mataelpino, buscando sombra desesperadamente 😉
Después del avituallamiento salimos en cuesta arriba hasta coger el camino que se dirige en dirección paralela a la M-617 hacia Navacerrada, en un tramo muy bonito con toboganes y en el que adelantamos a unos cuantos grupos, todavía hace bastante calor y el sol da de frente. Llega un momento que la pendiente se hace mayor y ya el camino gira hacia el norte en dirección a la Barranca. Este tramo se hace bastante pesado, porque ya vamos pensando en Cercedilla y la paella. En cuanto cogemos la pista (interminable) que sube hacia la Barranca, Jorge se desinfla y los pies le empiezan a dar guerra de verdad, ¡cagontó!
Jorge y su particular penitencia con la Maliciosa detrás
Al llegar al control de la Barranca (km 58), el ambiente de los voluntarios es una pasada, bromeando y ayudando a todos los que van llegando, que en este punto ya hay bastantes que están «tocados». Jorge pilla una silla, se descalza y pone cara de carnero degollado… mmmm…. Le dejo que descanse un poco y después le pongo cara de ¿estás listo, guapetón? a ver si hace ademán de salir, porque me da que no le saco sin palanqueta (y encima en el avituallamiento no tienen polvorones, con lo que me apetece uno). Después de un intercambio de miradas (las suyas no las traduzco, por si acaso, pero algo me imagino…), salimos despacio hacia Cercedilla. La idea de que todavía faltan como 5 km no le hace mucha gracia, y mientras vamos bajando por la carretera duda sobre si llamar para que le recojan o si seguir, a los que va pasando les va pidiendo unos pies nuevos pero como que se han acabado las existencias por aquí.
Jorge pensando en arrancarme los pies (si me coge, claro)
Finalmente decide que ya que estamos aquí, él llega a Cercedilla por su pie, y atpc… (ya sabéis que cuando a Jorge se le mete una cosa en la cabeza… ¡Zerotada incoming!), así que aprieta los dientes y me dice que «vamos palante!» (joer qué huevos, macho). Al llegar a la cuesta de la muerte nos alcanza Carlos de nuevo, y charlamos un rato hasta que cogemos la carretera que sale de la Venta Real, momento en el que aprovechamos para «correr» un rato, cuanto antes lleguemos, mejor… En la bajada a Cercedilla momento risas cuando pasamos a toda pastilla a unos a los que Jorge había pedido unos pies de recambio, y gritan «¿pero tú no ibas tan mal, cab…?». Finalmente llegamos al polideportivo, donde nos recibe Vanessa con Pablo, así como otros amigos que han venido a animar la carrera, como Bea y Julián. También está por allí Albertopoulos, que se había retirado allí un buen rato antes (aquí su crónica). Fichamos y cogemos la mochila (KM 63, 10:53 de carrera), y nos sentamos en el patio del polideportivo tras haber cogido un plato de paella, que me (nos) sabe a gloria.
Mientras me voy cambiando de ropa tranquilamente (hay que ponerse el atuendo de noche para lo que queda de carrera), veo a Jorge debatirse entre seguir o dejarlo. Cambio de zapatillas, paseo viene, paseo va, pero las muecas de dolor muestran que desde luego los pies no están por la labor de pasarlas canutas otros 40 km hasta Segovia. Aparece Juanito & family, duchadito y cambiado, para ver qué tal estamos, creo que en cierta parte aliviado de no estar pasándolas canutas. Cuando recojo los trastos, sin decir ni mú mientras, le pregunto a Jorge y aunque duda, me dice que siga, que él se retira (bueno, no me acuerdo exactamente cómo me lo dijo, pero algo así). Yo creo que hizo bien, aunque estuvo a punto de robarle el chip de nuevo a la del control y salir detrás de mí. A partir de la salida del polideportivo, ya en solitario, soy yo mismo el que me marco el ritmo, así que hasta Segovia sólo dependo de mis piernas.
Con el atuendo nocturno, camino hacia Fuenfría
Mientras paso por Cercedilla vuelvo a ver a Juanito con la familia en una terraza (¡cómo te cuidas, pillín!), que me vuelve a dar ánimos y al que le cuento que definitivamente Jorge se queda allí. Llamo a casa para dar el último parte y les comento que espero llegar a Segovia y que ya apareceré para desayunar, aunque enviaré whatsapp para ir informando por el camino. Enfilo hacia las Dehesas, y en lo que voy subiendo se hace ya de noche. El tramo por la carretera es un poco aburrido y peligroso, ya que bajan coches continuamente y hay que estar atento a ir por el borde de la carretera. En este tramo no me hubieran venido mal los bastones para poder marcar mejor el ritmo. Sin embargo me engancho a un grupo que sube a buen paso, y sin comerlo ni beberlo estoy en el control de la Calzada Romana, donde empieza la carretera de la República (KM 71). Aunque aquí hay avituallamiento, como no me hace falta de nada, únicamente sello y salgo pitando para arriba, con lo que de golpe me quito como a 8-10 personas que estaban en ese momento parados en el control. La noche está ya cerrada y ahí que voy yo, tan ricamente, sin música, camino de la Fuenfría en solitario.
Aunque llevo el ipod en el bolsillo, no me apetece escuchar música, prefiero oír mis pisadas sobre el camino, mientras la cabeza vuela de un pensamiento a otro, sin más preocupaciones. De vez en cuando echo la vista atrás, para ver si alguien me va a alcanzar, y veo que hay un grupo que se va acercando poco a poco. Antes de llegar al mirador de los Poetas me alcanzan, son tres con dos frontales ¿WTF?, a los que me adoso para lo que queda de subida. Por sus comentarios no tienen muy clara la distancia que queda a Fuenfría, dato que les facilito, mientras los km pasan uno detrás de otro.
Ya en el puerto, penúltimo avituallamiento en el KM 80, no sopla el ventarrón del año pasado, así que tranquilamente sello el pasaporte, me tomo un caldito, una magdalena, un café, y mientras aprovecho a charlar con mi amigo Eduardo (aka Commedia), que este año ejerce de fotógrafo oficial y no para de dar flashazos a diestro y siniestro 😀
En la Fuenfría, tan fresco. Foto de Commedia
Con el cuerpo entonado, y pensando que ya hasta Segovia es casi todo bajada, enfilo cuesta abajo, en el tramo que el año pasado se me atragantó un poco por las molestias en los pies. Recordando que Carlos ha salido de Cercedilla antes que yo, y como no me lo he cruzado, me marco como meta cogerle (vamos, esas cosas que nos programamos en la cabeza para darnos fuerzas), y al poco de empezar la bajada decido ponerme a correr en vez de andar. Así, como quien no quiere la cosa, voy adelantando gente, y alterno el trote con el caminar en algunas zonas. Cada vez que veo unas luces rojas por delante me digo «¡a por ellas!», con lo que los casi 12km que hay hasta el control de la Cruz de la Gallega, en la que nos esperan Katia y Claudio se me pasan muy rápido. A menos de 500m de llegar al control alcanzo a Carlos, y como me apetece saludar un rato a mis amigos, le adelanto con la idea de luego engancharme con él en el último tramo.
En el control de la Cruz de la Gallega (km 91) todo está preparado con orden militar, se nota la mano de Katia, que se ha pegado una paliza junto con el resto de voluntarios que no desmerece el tute que llevamos los corredores. Desde las 3 de la tarde llevan dando soporte a los corredores que llegan, muchos de ellos ya aquí en condiciones muy justitas, y para todos tienen la atención necesaria, ¡QUÉ GRANDES, COÑO!
Le cuento a Katia los devenires de la carrera, ya que se sorprende un poco de que llegue solo, porque no ha podido conectarse al whatsapp para conservar la batería del teléfono, y me saca el bizcocho especial bandoleiro que nos había reservado, UMMM, ¡QUÉ RICO!… Con otro café y el trozo de bizcocho ya tengo energías para llegar al acueducto. Así que tras despedirme de Katia y Claudio (un crack el tío también, que ha hecho unas fotos cojonudas), me «arrejunto» a Carlos y a José Antonio y salimos disparados para Segovia.
Desde aquí ya poco que contar, cogemos un buen paso y tras una breve parada en la fuente a coger agua, hacemos el camino charlando animadamente de lo humano y lo divino, disfrutando de los últimos momentos de la carrera. Yo me encuentro genial, salvo el cansancio lógico de llevar tantas horas despierto y en movimiento, así que cuando ya estamos cerca de la meta, nos ponemos a correr para hacer la entrada triunfal bajo el arco de llegada, con un tiempo oficial de 18:37:48, lo que supone casi una hora y media menos que el año pasado, ¡bien!.
Entrando en meta, yo y mis pensamientos
Y del resto, poco más que contar, medalla al cuello, un chocolate calentito, fotos, saludos, un vídeo final conmemorativo, whatsappear a todo el mundo, y echar de menos a los que no han podido estar en meta conmigo, Juanillo (un abrazo), Juanito, Jorge y Katia, (bueno, y a Pepe m….., a ver si el año que viene… jem jem) 😉
EN la meta, con Carlos Siguero
Subimos al polideportivo a recoger las mochilas, cambiarnos un poco, y nos colocamos en el bus de la organización que nos llevará de vuelta a Plaza de Castilla, a donde llegamos a eso de las 5:45 de la mañana (zzZZZZzzz…). Coger el metro y llegar a casa con cara de zombie fue de las partes más duras de la jornada, sobre todo cuando las piernas ya se han enfriado y empiezan a notar los más de 100k realizados… fiuuu…
Y si has llegado hasta aquí con la crónica, te dejo un par de vídeos que he montado, primero la versión completa (14′), y, si no tienes tiempo, una versión enlatada de 1′.
La versión completa
La versión enlatada
Como siempre, os dejo aquí el Track del Garmin 310XT (le falta un poco a la salida a la llegada, en 2014… ¿?)…, para que no haya dudas de por dónde fui (no como otros que tienen reparos a publicar los tracks de sus «recórds»…)
Aquí dejo también los enlaces relacionados con las entradas que han hecho de la carrera otros amigos (es lo bueno de hacerlo tarde, je je):
Pues #elpastelaco ya está aquí al lado. Menos de una semana para hacer los 100k de la Madrid-Segovia y yo con estos pelos… He intentado ponerme al día en cuanto a entrenos, pero viendo que tampoco tenía demasiado tiempo, he preferido hacer poco bien que mucho mal y cascar. Ya tengo experiencia en entrenar más de la cuenta o hacer alguna zerotada, así que he optado por sumar menos km pero ver cómo iba respondiendo el cuerpo, y por lo menos llegar con ganas y con todas las partes del cuerpo en su sitio.
La semana pasada estuve de #RunAndBravas, ya la IX edición, y aunque no cuenta como entrenamiento específico (realmente no sé cómo clasificarlo, je je), sí es verdad que lo pasamos muy bien y quiera que no, el ver a muchos amigos anima un montón. Aquí un pequeño vídeo de la parte «run».
Sin embargo, a pesar de la poca carga de entrenamientos, no hemos dejado de salir al campo y hacer ejercicio, lo que espero que me sirva para al menos no sufrir mucho en la carrera. A falta de mayores metas, el KBG irá a pasárselo bien, y teniendo en cuenta que van unos cuantos amigos, espero que no nos aburramos y que el palique dé para mucho. La previsión de tiempo es buena, más bien CALOR, así que habrá que llevar poca ropa y mucha agua.
Tiempos de corte en carrera
Por si a alguien le interesa, he preparado el track actualizado de la Madrid-Segovia 2013 en formato GPX de Garmin, con los 4 tramos de la ruta (mi GPS no deja cargar rutas de más de 500 puntos), que puedes descargar desde este ENLACE. Los tiempos de corte de este año son similares a los del pasado, y espero no hacer «peor» tiempo, sobre todo habrá que cuidar las paradas en los avituallamientos, que te quedas frío y luego cuesta más arrancar.
Este es el track del año pasado, para poder seguir un poco cuáles pueden ser los tiempos de paso por los controles…
Uff, este verano he estado un poco paradete en cuanto a contaros las cosas que hago o que me pasan, pero es que ha sido una época un poco «rara», ya que se me ha juntado un tema de trabajo con las ganas de desconectar un poco y pensar en cosas nuevas para el nuevo año laboral.
Así que he decidido darle un pequeño lavado de cara al blog, intentando que sea lo más fácil de leer posible, por lo que tantearé con algunos temas a ver por cual me decido. Sobre todo quiero que se vea bien en diferentes dispositivos, dado que cada vez yo (y creo que casi todos), leemos menos en el ordenador y más en el móvil, el iPad o donde podemos, así que un maquetado muy «exigente» cada vez tiene menos sentido, sobre todo si lo importante es el contenido, como dicen los gurús.
En Cap d’Orso, con la GoPro
Os dejo una foto de los pocos momentos en los que tomé el aire en Cerdeña, con la costa Esmeralda al fondo. Cuando procese las fotos y vídeos que saqué, ya contaré alguna cosa más, aunque correr, lo que se dice correr, 3 semanas de sequía, pero en las que no engordé ni un gramo…
En fin, ¡bienvenidos al cole de nuevo!, este año, más y mejor. De momento el 21-22 de septiembre estaré en los 100K Madrid-Segovia (aka #elpastelaco), y luego ya veremos, que la temporada es muy larga.
Como el año pasado completé la versión de 60k «tranquilamente» del GTP, este año decidimos apuntarnos a la versión de 80k, más que nada por hacer la primera parte del recorrido, que no es común, e ir aumentando la distancia paulatinamente… ¡ilusos!
De los 5 bandoleiros al final quedamos 3 en la salida, ya que Katia fue baja involuntaria por accidente y Pepe… jem jem… (sin comentarios, je je). Este año además volvía de nuevo Rafa (también engañado para la de 80K), y otros compañeros de RdB y saraos varios, así que las 3 versiones de ultratrail estaban a tope de compañeros (110k, 80k y 60k). Mención aparte la versión «senderistas» que se introducía este año (carrera nocturna de 10K), a la cual se apuntaba «el resto» de corredores braviles y otros amigos de diferentes pelajes.
Equipo preparado
La carrera
La verdad es que casi 19 horas de carrera (18:54:43 para ser exactos) dan para mucho, así que intentaré resumirlo todo lo que pueda para que esto no acabe como «Guerra y Paz», por lo que empezaré contando que aparecimos por Navacerrada a eso de las 21 horas del viernes, gracias a los medios motorizados de Rafa, y aprovechamos el viaje para hacer la última carga de comida mediante unos bocatines de jamón que nos supieron a gloria (Rafa ya tuvo bastante con su odisea telefónica previa). En Navacerrada, aparcamos rápidamente, dejamos la bolsa para Rascafría en el polideportivo y nos dirigimos hacia la zona de salida, para buscar a los compañeros.
A pesar de que quedaba un buen rato para la carrera, el ambientazo era espectacular, una marea de gente iba y venía hablando con amigos/compañeros, otros se cambiaban, apaños de última hora, una locura de emoción contenida. Aprovechamos que estábamos al lado del «photocall» de la carrera para hacernos una foto de grupo y mandar un saludo a los compañeros que no han podido venir. Yo me encuentro bastante tranquilo con todo preparado, así que charlamos y vamos saludando a todos los que nos vamos encontrando, haciendo fotos y comentando el percal que se avecina. Para la entrada al corral, ya a media hora de la salida, nos juntamos con Celso, Gerardo, Andrés y otros conocidos que vienen también al GTP.
Photocall bandoleiro
La salida se realiza puntual, todos al galope por las calles de Navacerrada en dirección a la Barranca, después de salir del pueblo, cuando la cuesta se empina un poco, bajamos el ritmo y empezamos a andar rápido, que queda mucho trecho por delante. Jorge va muy animado, y al tran tran llegamos al primer embudo del camino, una vez que cruzamos el embalse de la Barranca y empezamos a subir por un sendero en fila india. Aquí saco los bastones, que me acompañarán el resto de la carrera. Tras vadear varios arroyos, llegamos a la fuente de las Campanillas y empezamos la subida al collado del Piornal, que hace tres semanas hice con Juanito en condiciones cuasi-invernales. En este momento Jorge va por delante y Juan me sigue, aunque como vamos en fila india no podemos casi ni adelantar ni ser adelantados. Cojo buen ritmo con los bastones, y casi sin darme cuenta ya estamos en el collado, donde están haciendo fotos los chicos de Kataverno.
Bandoleiro al ataquerrr… Foto de Kataverno
Lo primero que veo con extrañeza es que no corre ni una gota de aire, por lo que la temperatura es ideal para correr sin molestias, giramos hacia el sur y vemos la hilera de frontales que suben hacia Maliciosa, una pasada. En la siguiente imagen se ve mucho mejor lo que menciono.
Primer control, 2:01:09, no está mal. Miro a ver si veo a Jorge, y espero a Juan haciendo un cambio de aguas, que ya toca 😉
Al poco aparece mi tocayo, así que emprendemos la bajada tranquilamente, durante la subida había dicho «voy a cambiar las pilas del frontal, que no están nuevas que digamos», pero por no perder tiempo no lo hago… ¡Error! La bajada de Maliciosa es, sencillamente, «para haberse matao», y salgo vivo con un sólo resbalón que me deja un recuerdo en el brazo. Arañazo y pequeño moratón nada más. En la bajada vuelvo a dejar a Juan un poco por detrás, y llega un momento en el que me quedo sin referencias por delante, y luces a lo lejos por detrás, ya en la zona de llaneo hasta enlazar la siguiente bajada. Al poco vuelve la bajada hacia la pista, en la que me adelantan un par de parejas que van como motos (o eso me parece). Ya en la zona de las «zetas» me cruzo con algunos que van tocados (y no acabamos casi ni de empezar). El resto de la bajada hasta Canto Cochino la hago adosado a un grupo que va a troticochi, ya con ganas de llegar y el frontal en las últimas. 3:47:24 , pues sí que se ha hecho larga la bajada!
Cambio las pilas en el avituallamiento de Canto Cochino, vasito cocacola, recargar bidones de agua y comer algunos frutos secos. Mientras espero llega Juan, con cara de «no sé qué hacer», murmura algo de retirarse, pero le digo ¿te duele algo? y me dice que no, así que no le doy opción «ale, a beber y para arriba, que la noche es joven» 😉
Subimos tranquilamente por la Autopista de la Pedriza, todo el camino me es muy conocido, y se me pasa rápido, en este tramo no vamos mal. Al cruzar el puente nos saludan los voluntarios (unos campeones, ¡chapeau!), y en la subida hacia el Tolmo y el collado de la Dehesilla recuerdo cuando bajamos este tramo haciendo un entreno bandoleiro como si fuera descenso de cañones. A media subida, pasado el Tolmo mi tocayo empieza a flaquear, así que hacemos una breve parada para repostar y le voy animando «ahí está el collado, no queda nada!». Llegamos en 5:17:18, check-in y para abajo. Aquí empieza una zona que no he andado nunca, así que en fila india y a ver cómo está el camino.
Según empezamos a bajar mi tocayo empieza a quedarse un poco atrás, y me pego a otro corredor al que no puedo adelantar por lo estrecho del camino (y tampoco me da muchas opciones). La senda se desdibuja en algunas zonas, y como no tenemos referencias de corredores por delante, a veces paramos para ver por dónde sigue el trazado. Por detrás, a lo lejos, veo varios frontales, entre los que se encuentra (eso espero), el de Juanito. En este tramo, en el que me rozo con varias ramas y meto el pié en un par de charcos, acabo bastante cansado mentalmente, así que en cuanto el camino se abre un poco y aparece la pista, cojo ritmo trotón, con ganas de llegar al avituallamiento de la Hoya de San Blas. Finalmente se cruza el arroyo y el sendero vuelve a remontar hacia el norte, llegando al avituallamiento en 6:38:23. Recargo agua y sin apetito espero a Juanito, que llega casi 20 minutos después, y según comentan, con poco margen ya para el cierre del control. En ese momento de espera me quedo un poco frío, así que saco los manguitos que llevaba en la mochila y me los pongo. Tentado estoy de ponerme el cortavientos, pero sé que en cuanto salga, y con la subida a Morcuera, me lo voy a tener que quitar, así que me aguanto. Mi tocayo me comenta que no va bien, y que tire para adelante, que el sube a Morcuera y se retira, la verdad es que no lleva buena cara, y me siento un poco «culpable» de haberle empujado hasta aquí, pero por otro lado pienso que un buen entreno en distancia tampoco le viene mal… (qué malo soy, ¿no? 🙂 ). Aunque me esperaba lo que me dijo, y me podría haber ido del control mucho antes, en ese momento preferí esperar a hablar con él, por si finalmente se hubiera animado a seguir, pero viendo que los tiempos de corte nos acechaban, supongo que él no quiso tampoco dejarme fuera de carrera.
Así que «liberado» para continuar a mi ritmo, cogí la pista y me puse a ritmo fuerte de subida, adelantando a varios corredores que habían salido antes del control, y en las zonas en las que la pista se tendía alternaba el CaCo, con lo que cogí a varios grupos de personas. Ya en la cabeza sólo tenía el «run run» del tiempo de corte en Morcuera, y estaba decidido a no parar y recuperar algo de tiempo. En cuanto salieron los primeros rayos de sol recordé que llevaba la GoPro en la cintura, así que saqué la cámara e hice algunas tomas de la subida, con un cielo que presagiaba sol y calor.
Amanece subiendo a la Morcuera
Las últimas rampas de subida a la Morcuera cuestan un poco más, pero ya con ganas de llegar me acuerdo de Jorge y que en este punto abandonó el año pasado después de penar desde la Pedriza. No tengo una referencia de cuánto me saca por delante, pero espero no encontrármelo todavía porque no sería buena señal. Al final llego al control en 9:09:39, y mi GPS me marca 41 km, 3 más que según el rutómetro oficial ¿?. Toca quitar los manguitos, recargar agua, comer algo, y enciendo el móvil para ver si tengo algún mensaje, y veo que Jorge ha salido de allí casi una hora antes, así que ya tengo referencias para ver si le cojo o no.
En el avituallamiento de Morcuera
Desde aquí hasta Rascafría la bajada es toda por pista, así que pongo el ritmo trotón y van pasando los kilómetros un poco más alegremente, aunque los pies van notando el tiempo en marcha. Me voy alternando en posiciones con diferentes grupos de corredores, con algunos de los que comparto algunos detalles de la carrera, ya que no conocen la zona. Cuando pasamos de la zona de pinar al robledal, ya se puede ver la panorámica con Peñalara al fondo, y el Monasterio del Paular y Rascafría, que se vislumbran a lo lejos (y yo pensaba que estaban al lado… plaf!). La parte final del camino, antes de llegar al polideportivo se alarga, y se alarga… Menos mal que los voluntarios están allí en todos los cruces y sus ánimos te dan ese punto de energía cada vez que te los cruzas, BRAVO CHICOS! 😉
Llego al polideportivo de Rascafría en 11:35:33 (son las 10:35 de la mañana), recojo la bolsa de recambio y analizo lo que me voy a poner para afrontar la última (GRAN) subida de la carrera. Siguiendo la tónica de los anteriores avituallamientos, no quiero perder más tiempo del necesario, por lo que como no voy mal de pies ni me quito las zapatillas ni me cambio de camiseta, ya que voy cómodo con la que llevo y con el sol que va a pegar no me atrevo a ponerme la camiseta sin mangas. Así que la secuencia es: cocacola, bocata jamón, crema solar, cambio de buff por gorra RL con faldilla, gafas de sol, cargar agua y a darle zapatilla. En el polideportivo el ambiente está cargadito de Reflex y hay bastante gente tirada por el suelo, es un punto clásico de abandono para el que no se ve con fuerzas para subir Peñalara, que se vislumbra a lo lejos.
Sol de justicia en la subida al Reventón
Una vez que empiezas el camino hacia el Reventón, prácticamente no hay vuelta atrás, porque si logras llegar al collado, ya «casi» te queda lo mismo si acabas que si te vuelves, por lo que hay que cogerla con ganas. En mi caso, como tenía claro que no había nada que me lo impidiera en ese momento, volví a poner el paso «sin parar» o «ni un paso atrás», y tacita a tacita a remontar la subida. A lo largo del camino paso a otros corredores y me pasan a mí, pero ya se ve que la densidad de corredores es menor que en otras zonas. Tacita a tacita, y curva a curva, voy remontando la cuesta y cada vez se ve Rascafría más abajo (eso es bueno), intento recordar la ruta del año pasado, cuando corrí el TP60, y en esta zona las piernas estaban frescas y corríamos en las zonas menos empinadas. Ahora ya es una cuestión de no desfallecer, llevar un ritmo constante y que no desgaste demasiado, y disfrutar del camino. Es curioso porque aunque me había metido el iPod en la riñonera por si me aburría y quería distraerme un poco, prefiero oír el ruido del agua del arroyo del Paular, o el canto de los pájaros, o incluso mis propios pasos sobre el camino. Finalmente llega el avituallamiento del Reventón, aunque se encuentra bastante arrasado, y sólo puedo cargar agua a tope en los bidones, que hasta el chozo Aranguren no hay más fuentes de suministro y tampoco sombras en el camino. Salgo rápidamente de nuevo (bueno, lo de rápidamente a estas alturas ya es un decir), y cuando llego al control (14:11:30) ya hace un sol de justicia, con lo que el resto del camino se presenta «calentito». El momento gracioso se presenta cuando tras hacer el checkin en el control, uno de los voluntarios me dice «¿tú corriste el año pasado el de 60k!» Resulta que es quien grabó en Fuenfría el vídeo que sale en Cercedilla TV (ver minuto 4:50, patetic mode «on»).
En la cuerda camino de Peñalara
La cresta entre el Reventón y Peñalara es muy bonita, pero se hace larga, parece que no se llega nunca, aunque tiene sus momentos especiales, sobre todo el tramo ya llegando a Claveles en el que atravesamos un nevero, en pleno mes de junio, y te entran ganas de enterrar las piernas en él para que se refresquen. En el flanqueo de Claveles echo de menos el quitarme los bastones y colgarlos de la mochila, pero bueno, pensando en que el tramo es corto aguanto con ellos y finalmente sobrevivo sin partir ninguno… fiuuuu 🙂
Llego a Peñalara en 16:24:40, y dada la hora que es no queda nadie de los que han subido a animar del grupo de RdB and friends, pero claro, estas no son horas. Así que sin más rodeos, aprovecho para beber un poco de agua, echar una foto, mandar un whatsapp para decir que todo OK y que voy hacia la Granja, y vamos a acabar la faena. Mi GPS marca 74km y ya dice que de batería va como su dueño, justito…
En la cumbre de Peñalara. El resto, cuesta abajo
El camino es aún peor de lo que recordaba del año pasado, con más de 70km en las piernas, las cuestas y pedregales de los primeros tramos de la bajada hacen que las piernas y especialmente las plantas de los pies estén ya «calentitos», pero la idea de llegar es más fuerte que el dolor, así que sin pausa ni tregua. Al llegar al chozo Aranguren, un poco más adelante hay un par de arroyos de agua fresca que baja directamente de Peñalara, y hay montado un pequeño camping de corredores refrescándose, e incluso algunos que se han descalzado y meten los pies en el agua. Yo (inteligentemente), relleno la botella aguas arriba de los pies en remojo, pero no todos hacen lo mismo… (no sé si ésto explica alguno de los abandonos en la Granja, je je). A partir de aquí la pendiente es más suave y al poco se entra en el bosque, por lo que por lo menos la sensación de chicharrera es menor. Aprovecho una piedra para apretarme los cordones de las zapatillas, y aunque tengo ganas, no me quedan muchas fuerzas para trotar, así que ando rápidamente, y me pasan algunos corredores. En este tramo, ya hasta llegar a la Granja, apenas vi a nadie, creo que más o menos todos debemos ir al mismo ritmo «no siento las piernas». El GPS definitivamente dice que se queda sin batería, y hasta ahí llega el track.
Cuando finalmente llego a la tapia de los jardines de la Granja, veo a algunos corredores que van por delante, y como las piernas han descansado un poco en la bajada, se lanzan a trotar, adelantando a varios corredores ya en la misma entrada a las calles del pueblo. Como conozco el recorrido, ya sé que la meta está al lado, así que hago la llegada en plan «pro», pero no hay casi nadie atento para verla (es que pegaba el sol de justicia, y todo el mundo estaba refugiado en las sombras)… Tiempo final: 18:54:43 y posición 94 de 116 llegados a meta, con 7 retirados y 25 no presentados (no me salen las cuentas de los 200 dorsales que había).
Según llego me apuntan el chip, me endosan el billete de 10€, me ponen la medalla y empiezan a animar la pandilla que me esperaba en la llegada, atrincherados en la sombra: Rafa (que había llegado 3 horas y media antes…), Jorge, Vanessa, frijolito y, ¡sorpresa!, Katia que había venido con su madre para vernos en meta. No contentos con que hubiera terminado, una vez me dan el chalequito de finisher me hacen que vuelva a pasar por el arco de meta para poderlo grabar en vídeo 😉
Momento «pasa de nuevo por meta», extraído del vídeo de Katia
Nos quedamos un rato allí comentando la experiencia, muy fuerte el momento «pies de Jorge» (menos mal que no tengo fotos), y muy contentos todos con lo que hemos podido hacer, en especial Jorge que se quita la espinita que tenía clavada del año pasado, Rafa que llegó en posición 21, y ver allí a Katia animada. Mi tocayo se estaba recuperando y pasaría luego por Navacerrada a recoger sus cosas, pero no pude verlo entonces. Se marchan todos con sus respectivos acompañantes a casa, y me quedo con Rafa tomando una cervecita en la plaza mientras esperamos al minibús de la organización que nos tiene que devolver al polideportivo de Navacerrada. En él nos juntamos los que volvemos con la carrera acabada con los que se retiran del GTP110, con cierta tristeza en su cara. Ya en Navacerrada, recogemos los trastos (muy bien la organización) y volvemos a Madrid a descansar, sin mucha más historia que contar. En el momento que ya tu cuerpo se siente en casa, desconecta las baterías y viene el momento «plof», vamos, lo normal.
Recuerdos de la carrera
A modo de resumen, aquí dejo el vídeo que monté con las grabaciones de la GoPro y algunas fotos, espero que os guste… y como se suele decir en estos casos… ¡esto es todo amigos!
Bueno, no es todo, sólo quiero decir a mi tocayo que en septiembre volvemos al ataque de nuevo en la Madrid – Segovia, y que ¡los Bandoleiros cabalgarán juntos de nuevo!
El track
Aquí os dejo, as usual, el track del Garmin, que falleció en la bajada de Peñalara, antes de llegar al Chozo Aranguren…
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